Artista 04,2008

(Abril 2008)

Feliciano Bejár


1920-01-01 - 2007-01-01

 

Fecha: 2008-04-01

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<i>El general</i>, 1963
El general, 1963
Bronce
170 x 130 x 70 cm
Fotografía: Escultura Mexicana
De la academia a la instalación

 

El impulso principal de mi vida es un deseo de experimentar una búsqueda para descubrir nuevas posibilidades y probarlas. No puedo quedar quieto. Como el niño con sus juegos, no agoto las probabilidades de un campo antes de moverme a otro Feliciano Bejár Nacido en Jiquilpan Michoacán, en 1920. Fue un artista autodidacta que incursionó en varias disciplinas creativas, como el dibujo, el grabado y la pintura, hasta hallar su verdadero oficio en la escultura, principalmente en el reciclado de materiales de desecho. A los ocho años la poliomielitis lo afectó por lo que tuvo que usar muletas por casi cinco años, tiempo durante el cual aprendió diversas técnicas artesanales. Su maestra, María La China Cervantes, dio vida a sus primeros objetos artísticos y luchó por recuperar el movimiento de sus pies. Debido a las complicaciones propias de su enfermedad uno pudo asistir a la escuela, sin embargo, aunque su etapa como estudiante duró sólo dos años, siguió aprendiendo de manera autodidacta. La vida de Bejár siempre fue de un extremo a otro pues comenzó vendiendo telas, afanador, lavaplatos y elevadorista hasta que a su paso se encontró con José Clemente Orozco, quien trabajaba en un mural de la biblioteca de Jiquilpan, de quien tomó una de sus mayores influencias respecto a la visión del arte y es que Bejár consideró que el arte debía estar ligado y al servicio de la sociedad. Viajero, inquieto, insaciable fueron sus cualidades y las aprovechó para estar en Nueva York, donde, el pintor inglés Ar-thur Ewart lo estimuló para que se dedicara a la pintura. En 1947 regresó a México. Al año siguiente realizó su primera exposición individual con 18 cuadros en la Ward Eggleston Gallery, de Nueva York. En México, se involucró en la construcción de instrumentos "poblados de luz". Los soles escaparon de sus lienzos y maderas para convertirse en los ojos de sus nuevas esculturas. Así nacieron las obras bautizadas por Jorge Hernández Campos como magiscopios: instrumentos de acero reciclado con lentes encapsulados. La llegada de estas creaciones al Palacio de Bellas Artes, en 1966, constituyó la apertura a toda una generación de escultores vanguardistas, y significó la ruptura de moldes tradicionales. Impuso una nueva forma de entender el arte como un juego, una actividad lúdica en esencia. Bajo este esquema, entre constantes viajes a México y al extranjero, Feliciano Béjar diseñó gobelinos; vitrales; escenografías; bronces; esculturas en piedra, aluminio, chatarra y plástico, dejando que el cristal y los lentes sean como una constante que nunca ha abandonado, y añadiendo su actividad como constructor y restaurador de naturalezas vivas. El trabajo de Feliciano Béjar tuvo un importante valor para el quehacer artístico de México, ya que rompió con la tradición de lo que era considerado como escultura al utilizar cosas que se integran a una obra y disolver el concepto de escultura como un objeto integrado, cuyos materiales son únicos y diversos en una forma en el espacio.

 

Autor/Redactor: Judith Rodríguez
Editor Fundador: Manuel Zavala y Alonso †

 

 

 

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