Artista 06,2009

(Junio 2009)

Marta Palau


 

Fecha: 2009-06-01

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<i>Mis caminos son terrestres XII</i>, 1984
Mis caminos son terrestres XII, 1984
Tapiz,
1.90 x 2.40 cm

 

Rita Eder en 1985 escribió sobre Marta Palu: en las manos de Marta Palau las reglas del trabajo artístico se transforman al ritmo de su audacia. La relación con las distintas artes que práctica: grabado, pintura, escultura y sobre todo el tapiz, se define por un profundo arraigo a los materiales; experimenta con ellos hasta lograr que la voluntad que descubre en la materia imponga su sello a la forma. Su impaciencia frente a las leyes de la técnica imprime a su obra una calidad eléctrica, una sensación de inmediatez que elimina el sentimiento de lo preconcebido. Su filosofía de trabajo coincide con algunos supuestos del informalismo catalán, movimiento que a fin de la década de los cincuenta, época en que Marta inicia su trabajo, estaba en pleno auge. Podría decirse que en cierta forma aún conserva la concepción del arte y el artista que deriva de esta corriente; cree en la impronta del temperamento y en un lenguaje plástico que proviene de la sabiduría de los instintos. Cualquier explicación que la artista intente en torno a su obra se inicia por la entrañable comprensión de la vida independiente de la fibra, el ácido, el óleo, el metal o la piedra; y la certeza de que sus formas son producto del accidente y el capricho y nunca resultado de un objetivo consciente. Todo esto es en parte cierto, sin embargo el proceso es más complejo, veremos más adelante que hay una parte de ideas alrededor de un tema. Cuando estas son formas al azar, conforman una iconografía de censura y represión. El cruzamiento de gruesas pinceladas o de anchas tiras de papeles pegados se convierten en mordazas, barrotes, en la dramática oscuridad de cárcel y muerte. Hoy el quehacer fundamental de Marta Palau es el tapiz, aquí ha dado rienda suelta a su imaginación, a su necesidad de exaltar la sensualidad de los valores plásticos. El tapiz será el catalizador que le permita desplegar su temperamento e incentiva, su honda identificación con concepto anti-tecnológico de los procesos creativos. Encontrará en este medio sus raíces como individualidad y riqueza aún se nutre de una memoria ancestral. Grabado, pintura y técnica mixta Marta Palau se inicia en las artes plásticas a través del grabado. A principios de la década de los sesenta estudia con Guillermo Silva Santamaría gran conocedor de la técnica, cuyos grabados se caracterizan por la finura de la línea, la armonía colorística y temas diversos que siempre transforma en cuentos de hadas. El artista colombiano, maestro del aguafuerte y el aguatinta controlaba con sumo cuidado los procedimientos del ácido para acentuar la limpia sutileza de sus imágenes. La huella de las lecciones de Silva Santamaría en el trabajo de Marta se advierte en una serie en torno a las diversas aventuras amorosas del Minotauro, serie que en 1963 expuso en la Galería Juan Martín que entonces se consolidaba como el espacio privilegiado para el nuevo arte mexicano. Sorprende en aquel tiempo el gran tamaño de la placa en la que realizó este trabajo, la delicadez de los colores, el buen dibujo de graciosa línea y el humor y el erotismo que se entreveran para presentar ancestrales mitologías. Al poco tiempo dejará de interesarle el virtuosismo del grabado sobre el metal y le intrigarán más las acciones del ácido sobre la placa que la penetraban y mordían hasta transformarla. Producía con el zinc intervenido por el ácido, formas inesperadas, caracterizadas por gruesas texturas que arrancan una nueva piel al metal que pasa al papel como un conjunto de células en ebullición. El grabado es la línea paralela que acompaña sus transformaciones, no sólo conoce a través de éste fórmulas para hacer imágenes, sobre todo aprendió mucho sobre ella misma, sobre cuales eran o sería sus posibles caminos de trabajo, su estilo y la influencia en él de sus estados de ánimo. Pronto supo que era impaciente, que necesitaba atacar la placa y conocer los límites del ácido y no las bondades de la línea. Más tarde en el textil aparecerá un proceso similar. Aprenderá a hacer toda clase de nudos, puntadas y bordados, pero finalmente lo que le interesará es exaltar la belleza de la fibra, su maleabilidad para transformarse en escultura y escenografía, su relación con los mitos y sus existencia plena de vitalidad, que se planta como un reto a la intervención de la tecnología en las artes que muchas veces esteriliza los medios plásticos, los deja vacíos de sensibilidad y de toda posibilidad de una lectura significativa. Marta gusta de un concepto mágico de la vida en donde caben las trasmutaciones alquímicas, sueños, cuentos y el despliegue de lo dramático. Ello se advierte no sólo en la estructura formal, también en los elementos iconográficos. Durante una buena parte de la década de los sesenta se dedicará al grabado. Si bien es cierto que sus temas gravitan en torno a los signos del zodíaco y las artes de la adivinación (el Tarot y el I Ching), en realidad su interés mayor será el escudriñar los límites del color y la forma. Su vocabulario o los componentes de su estilo, oscilarán desde el ascentismo geométrico hasta una abstracción orgánica que denotará un acusado barroquismo y que será cada vez más frecuente en su trabajo. Aunque la práctica de la pintura se había producido a mediados de la década, no fue sino hasta la época del Salón Independiente que Marta dedicó toda su energía a ella. El Salón Independiente fue el punto de partida que funcionó entre el otoño de 1968 y la primavera de 1971. Fue en este periodo cuando Marta presentó obra relevantes. En 1969 en el segundo Salón Independiente mostró una serie de pinturas y, en el tercero, que tuvo lugar en 1970, contribuyó con una ambientación. Ambos salones se instalaron en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM. Después del Salón Independiente empezó a hacer tapices, pero al mismo tiempo pintaba y proseguía una especie de obra interdisciplinaria o técnica mixta, el más exitoso de sus experimentos en esta dirección fue los Sellos de la España Sellada, que presentó en el Museo Universitario en 1976 al que nos hemos referido en un principio. Cinco años más tarde, en 1981, retoma los hilos de este modo de trabajar en una exposición que tuvo como tema la figura del General Lázaro Cárdenas. Para esta serie se basó en fotografías y sellos que materializó en serigrafías. Aparece Cárdenas en varios momentos de su vida. Sin embargo, lo que a todas luces constituye su trabajo más impactante, el de mayor consistencia y significación estética, es la obra Mis Caminos son Terrestres. En él, plasma la textura y el color, y una exploración de la fibras naturales que se dan en México a base de este trabajo: el henequén, la fibra de coco, la lana y las hojas de maíz. En esta composición, el maíz permite a Marta Palau hacer sus propias transmutaciones de una de las leyendas tradicionales más relevantes: aquella que confiere al maíz una doble identidad. Por un lado, la de ser la carne o la substancia de la que están hechos los humanos y, por el otro, aquella que personifica al maíz como el elemento depositario de magias y hechicerías. Por otra parte, la fibra de coco más abrupta, menos dúctil que la hoja de maíz, pertenece a otra estirpe. De color café rojizo, invoca la espesura de las suaves montañas de tierra colorada o de una piel tosca como la cáscara de la tierra. Hasta aquí un fragmento de La Intuición y la Técnica, Rita Eder, 1985. Actualmente, la artista Marta Palau, quien ha residido durante largas temporadas -desde hace 40 años- en Tijuana y en la ciudad de México se ha dedicado a realizar instalaciones sobre el arte ritual de Baja California, uno de los temas recurrentes de la obra reciente de esta importante artista plástica, considerada una de las más importantes del país. En Tijuana organiza y participa como curadora de los Salones Internacionales de Estandartes que celebra el Centro Cultural Tijuana desde 1996. Entre otras actividades, es directora y fundadora del proyecto Cinco continentes y una ciudad, un trabajo complejo porque participan artistas de África, Asia, Oceanía, Europa y América Latina. La artista nacida en Albesa, Lérida, España, pero nacionalizada mexicana, estudió en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda, y en San Diego. Ha sido coordinadora de Arte del Centro de Arte Contemporáneo de Guadalajara y asesora del Instituto Allende de San Miguel Allende. Sus obras se han presentado en Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, España, Estados unidos, Japón, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Suiza y Venezuela. Una de sus esculturas se encuentra en el Bosque de Chapultepec y otra en la unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana, ambas en la ciudad de México. Es autora del mural que se encuentra en el Centro de Arte Contemporáneo de Guadalajara.

 

Autor/Redactor:
Editor Fundador: Manuel Zavala y Alonso †

 

 

 

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