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Miércoles, 27 de diciembre de 2017

Historias secretas de Gabriel y Mario
Escrito por Eduardo García Aguilar

Historias secretas de Gabriel y Mario

 

En el libro De Gabo a Mario. La estirpe del boom, de Ángel Esteban y Ana Gallego Cuiñas, ambos profesores destacados de la Universidad de Granada, en España, se pasa revista a los secretos de la amistad entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, por medio de una minuciosa investigación que incluye la revisión de la correspondencia de ambos localizada en universidades estadounidenses y testimonios, entrevistas y documentos diversos.

 

Aunque antes de conocerse personalmente se escribían como si fueran viejos amigos, el primer encuentro ocurrió en Caracas en 1967, cuando el joven peruano recibió el Premio Rómulo Gallegos por su segunda obra La Casa verde y acababa de aparecer Cien años de soledad en Buenos Aires, libro que obtendría el mismo premio cinco años más tarde, en 1972. El colombiano había quedado fascinado con la Ciudad y los perros, la novela que ganó el Premio Seix Barral, y seguía la carrera de quien era casi una década menor que él y todos consideraban al unísono ya como un precoz geniecillo de la narrativa latinoamericana.

 

Aunque pareciera injusto, muchos críticos del momento veían en la prosa realista de Vargas Llosa y en sus aceitadas técnicas novelísticas un nuevo aire para el género y miraban con cierto desdén a grandes novelistas anteriores como el cubano Alejo Carpentier, los venezolanos Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri o el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, quien acababa de obtener el Premio Nobel y después sostendría una agria polémica con el colombiano.

 

Vargas Llosa había llegado a París con su esposa la tía Julia y mientras trabajaba en Radio France Internacional y la Agence France Presse tecleaba como loco hasta el amanecer en su primera novela y se aplicaba a sí mismo un estricto rigor en materia de trabajo literario, lejos de la bohemia de otros autores, tal y como lo relata en su correspondencia el ya fallecido autor peruano Julio Ramón Ribeyro, que fue uno de sus amigos más cercanos en aquellos años 60.

 

Varias coincidencias los acercaban. Con algunos años de diferencia, tanto García Márquez como Vargas Llosa vivieron momentos difíciles en París y fueron salvados por la misma Madame Lacroix, dueña de un hotel cerca de la Universidad de la Sorbona donde los dejó estar sin pagar hasta que vinieran tiempos mejores. A su vez, ambos fueron criados por sus abuelos maternos y tuvieron una relación tardía con sus respectivos progenitores, que conocieron de verdad cuando tenían unos diez años y con quienes el trato no fue fácil para ellos en la adolescencia y en la primera juventud.

 

También los dos estudiaron en lejanos internados, ejercieron muy temprano el periodismo y el destino los llevó a Europa por distintas vías. Al coincidir sus triunfos en la agitada década de los 60, los dos amigos supieron pronto que los reflectores se dirigían a ambos como las verdaderas estrellas máximas del famoso boom comercial creado por la agente literaria Carmen Balcells, una especie de reina Midas que todo lo convertía en oro.

 

A ambos se los trajo Balcells a Barcelona para que siguieran escribiendo su obra. El libro relata los preparativos de la llegada de Mario con su nueva esposa la prima Patricia y la vida mundana de los Gabos y los Vargas en medio de los fastos de la izquierda caviar de la ciudad condal, entonces uno de los centros más vigorosos del mundo editorial hispanoamericano que poco a poco crecía a medida que se daba el crepúsculo del dictador Francisco Franco.

 

García Márquez fue padrino del segundo hijo de Vargas Llosa, Gonzalo, quien lleva el mismo nombre que el segundo retoño del colombiano. Alguna vez, como lo muestra la entusiasta correspondencia comentada en el libro de Esteban y Gallegos, planearon escribir una novela a cuatro manos sobre la guerra de Colombia con el Perú, en la que cada uno abordaría las vicisitudes de la misma desde la perspectiva de sus países natales. Y la amistad llegó a tales niveles de entendimiento y admiración mutua, que el joven Vargas escribió como tesis doctoral un enorme volumen sobre la obra del nativo de Aracataca, que publicó en Seix Barral bajo el título de Historia de un deicidio, pero que desde los tiempos de su legendaria riña en México no volvió nunca a ser publicado por veto del peruano.

 

La amistad duró desde 1967 hasta 1976, cuando el excadete Vargas Llosa le dio de trompadas a García Márquez a la salida de un cine en la Ciudad de México por razones de celos, ya que según versiones de los diversos biógrafos, cronistas y articulistas hubo un malentendido del peruano sobre el comportamiento y las intenciones del creador de Macondo con su esposa Patricia en un episodio nocturno barcelonés del que se enteró después, a través de la versión de su dama.

 

Los dos amigos enemistados obtuvieron el consagratorio Premio Nobel, que solo fue un episodio más en el éxito mundial logrado por ambos en un contexto que nunca había ocurrido ni se repetirá, el de la guerra fría ideológica entre las dos potencias mundiales y el posterior fin de la Unión Soviética. García Márquez llegó muy rápido al Nobel a la edad de 54 años por el carácter de ícono de la izquierda latinoamericana y mundial en que se había convertido por su militancia y obra bíblica y Vargas Llosa lo obtuvo mucho más tarde por lo contrario, como ícono de la derecha liberal triunfante después de la caída del Muro de Berlín y el fin de los sueños socialistas y marxista-leninistas, que él tanto ha fustigado.

 

La ruptura de los amigos también se dio en ese contexto de la guerra fría entre las dos potencias mundiales del momento. Vargas Llosa, quien fue ferviente izquierdista y favorable a Cuba al principio de la Revolución, fue evolucionando poco a poco hasta renegar de esos idearios, mientras García Márquez, quien al principio fue escéptico tras su paso por la agencia Prensa Latina, terminó siendo amigo íntimo de Fidel Castro y militante fiel de la causa hasta el fin de sus días.

 

Todas estas historias y muchas más están contadas en este ameno libro de Ángel Esteban y Ana Gallego, publicado hace poco por la excelente editorial Verbum, de Madrid. Y al leerlo uno comprende que estos episodios ya hacen parte de la historia, aunque el único sobreviviente de aquel extraordinario fenómeno ya dinosáurico del boom es Vargas Llosa, octogenario feliz y triunfante que hoy vive una historia de amor crepuscular con la exesposa de Julio Iglesias, Isabel Preysler, cuya pasión carnal nos hace recordar la gran novela de García Márquez El amor en los tiempos del cólera, donde se nos cuenta que nunca es tarde para encontrar o reencontrar el amor de la vida.

 



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