Francisco Goitia fue un pintor preocupado sobretodo por retratar cuestiones arqueológicas y etnográficas de México. En sus pinturas de indígenas logra realizaciones magistrales de gran vitalidad y realismo. Es uno de los primeros que inició rumbos fijos para una pintura netamente revolucionaria. Al unirse a las tropas revolucionarias se convierte en el cronista de esta etapa en México. En la Academia San Carlos fue alumno de José María Velasco, Julio Ruelas, Germán Gedovius y Saturnino Herrán. Fue gran amigo de Tamayo y tuvo relación con los grandes pintores de su época conformando con ellos el gran movimiento del arte contemporáneo mexicano. Sus pinturas y dibujos muestran la brutalidad de la guerra. Entre sus obras destacan algunos cuadros de violento expresionismo como ¿Tata Jesucristo¿ (1927), una de las obras maestras del siglo XX con la que obtiene el premio en la Bienal Interamericana de pintura y grabado, y ¿Autorretrato¿ (1955). Su obra expresa la miseria y desolación humana representadas con una sensibilidad inusual.