Natalicio de Servando Teresa de Mier (1763-1827)

Fue cura católico y escritor de numerosos tratados sobre filosofía política en el contexto de la independencia de México. A la edad de 16 años, Teresa de Mier ingresó a la orden dominica en la ciudad de México. Estudió filosofía en el Colegio de Regina Porta Coeli, donde se ordenó sacerdote. Posteriormente, obtuvo su doctorado y se convirtió en un famoso orador a la edad de 27 años. Teresa de Mier cuestionó el principal argumento con el que los españoles se justificaban por haber conquistado el continente destruyendo las civilizaciones nativas: que vinieron a evangelizar paganos. Afirmó que Santo Tomás el apóstol vino a estas tierras y fue conocido como Quetzalcóatl, quien evangelizó a los naturales con ayuda de la mismísima Virgen María, quien habrá sido conocida como Tonantzin y venerada en el propio Tepeyac, para ser luego rechazado el cristianismo por apostasía de los aborígenes. En castigo por haber enunciado aquel sermón, el arzobispo Nuñez de Haro condenó a Teresa de Mier a diez años de exilio en el convento de Las Caldas, actual Cantabria, España. Además, se le prohibió a perpetuidad el ejercicio de la enseñanza, la enunciación de sermones o la realización de confesiones. Igualmente, fue despojado de su grado de doctor. En 1796 obtuvo un permiso para presentar su caso ante el Consejo de Indias. Sin embargo, a su regreso fue encarcelado de nueva cuenta. Esta vez fue confinado en el convento de San Francisco, en Burgos. De ahí, en 1801 se escapó y se refugió en Bayona, Francia. De Bayona pasó a Burdeos y de Burdeos a París. En esa ciudad fungió como intérprete del potentado peruano José Sarea, conde de Gijón. Teresa de Mier abrió una academia en París para la enseñanza de la lengua española. Cuando volvió a Madrid, fue puesto preso por tercera ocasión. La causa fue una sátira en apoyo a la causa independentista mexicana. Fue enviado a un reformatorio en Sevilla, de donde escapó en 1804. Nuevamente fue arrestado y puesto en prisión, donde purgó una pena de tres años. Entonces, el Papa lo nombró su prelado particular, porque había convertido a dos rabinos al catolicismo. En plena guerra entre Francia y España, Teresa de Mier volvió a la península como militar del cuerpo de Voluntarios de Valencia. Se presentó a numerosas batallas. Se trasladó a Londres, donde colaboró con José María Blanco White en El Español, un periódico que apoyaba los movimientos independentistas en los dominios españoles en América. En febrero de 1822 volvió a México arribando al puerto de Veracruz, pero de nueva cuenta fue hecho prisionero y enviado al castillo de San Juan de Ulúa, bajo el control de los españoles. Después, fue diputado al primer congreso mexicano por el estado de Nuevo León. Siempre se opuso a la formación de un Imperio Mexicano con Agustín de Iturbide a la cabeza, hecho que le valió la prisión por enésima vez. Escapó por última vez el 1 de enero de 1823, en esta ocasión del convento de Santo Domingo. Teresa de Mier fue electo diputado al segundo Congreso Constituyente. El 13 de diciembre de 1823 pronunció su famoso “Discurso de las profecías”. Cerca de su muerte, Teresa de Mier convidó a sus amigos a una fiesta. Pronunció un discurso justificando su vida y opiniones, y pocos días después, murió. Fue enterrado con honores en la parroquia de Santo Domingo de la ciudad de México.