Especiales

Con ojos puramente plásticos y mirada universal. Enrique Echeverría en el Museo de Arte Carrillo Gil

 

2018-01-05

compartir en facebook  compartir en twitter
Con ojos puramente plásticos y mirada universal. Enrique Echeverría en el Museo de Arte Carrillo Gil

Foto: cortesía Museo de Arte Carrillo Gil (MACG, INBA)

El Museo de Arte Carrillo Gil (MACG) inauguró recientemente la muestra Con ojos puramente plásticos y mirada universal. Enrique Echeverría, coordinada por la galerista, curadora y viuda del artista, Ester Echeverría.

 

Con ojos puramente plásticos y mirada universal. Enrique Echeverría, está integrada por 104 piezas correspondientes a sus diversas etapas y técnica,s que constatan la evolución de su quehacer pictórico y su asimilación de la gran variedad de disciplinas, entre dibujo, acuarela, tinta sobre papel, gouache, óleo, collage y acetografía –técnica que destaca en la muestra por haber sido inventada por el artista–, además de documentos personales como bitácoras de viaje y cuadernos de dibujo, que pertenecen tanto al archivo personal del artista como al del propio museo y colecciones privadas.

 

La curaduría, a cargo de Esther Echeverría, viuda del artista, fue diseñada para mostrar las diversas etapas que recorrió, desde sus inicios en la academia hasta su colorida propuesta en el abstraccionismo y la invención de la acetografía, técnica basada en el calentamiento de plásticos que incluso estuvo a punto de costarle la vida, por intoxicación.

 

Echeverría es considerado pionero e integrante de la llamada generación de la Ruptura y miembro del Salón de la Plástica Mexicana.

 

Su obra se estructura en cinco etapas. La primera es Los años formativos (1943-1954): desde su ingreso al taller de Arturo Souto y a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, hasta el regreso de su primer viaje a Europa y África, becado por el Instituto de Cultura Hispánica.

 

Las búsquedas (1954-1959) es la segunda fase. A partir de su contacto con la pintura europea y norteamericana, inició una apertura en sus fuentes formales y asimiló estilos como el posimpresionismo y el cubismo. En 1957 obtuvo la beca de la Fundación Guggenheim, gracias a la cual residió en la ciudad de Nueva York, donde se relacionó con el expresionismo abstracto.

 

El tercer periodo es Los paisajes interiores (1960-1967), en el que materializó su interés por lo abstracto. En opinión de muchos críticos, esta es la fase de mayor consolidación en la trayectoria artística de Echeverría.

 

Los organigramas o flores imaginarias (1967-1970) es la cuarta etapa. En 1965 fue invitado por la Universidad de Notre Dame como artista en residencia para impartir clases a los alumnos graduados de artes plásticas durante un año. A su regreso a México comenzó su periodo de organigramas o flores imaginarias, en el que plasmó formas vegetales. Estas piezas se rigen por el contraste en la composición.

 

La quinta es El regreso al origen (1970-1972), producto de su último viaje a España. La constante nostalgia por sus raíces y el recuerdo de su primera visita a la tierra de su padre quizá lo motivaron a retomar el paisajismo, como en sus años de formación, pero con un mayor colorido.

 

Enrique Echeverría ha tenido varias importantes exposiciones, como la presentada en el año 2003, en el Museo del Palacio de Bellas Artes, con cerca de cien obras de las diversas etapas que marcaron su formación y su desarrollo, enfocada principalmente en las obras realizadas al óleo, además de obra gráfica, acuarelas y tintas.

 

En 1980 expuso en el Museo de Arte Moderno, a propósito de la cual Fernando Gamboa describió lo siguiente: “Desarrollaba su concepción con base en el color, que es su verdadero tema en el curso de su lenta, orgánica evolución, su materia pictórica se volvió cada vez más rica y más vigorosa; sus contrastes cromáticos se hicieron fuertemente expresivos, y su visión de artista sensible, mediativo, ensimismado, fue cobrando profundidad…”

 

Con ojos puramente plásticos y mirada universal. Enrique Echeverría es la más completa exposición dedicada hasta el momento al pintor mexicano integrante de la generación de La Ruptura. Esta exposición “no sólo muestra al colorista, sino enfatiza su trabajo como acuarelista y dibujante, además de que pone de relieve su poco conocida faceta como caricaturista”, señaló Ester Echeverría.

 

La exposición complementa la producción artística de Enrique Echeverría con la relación epistolar entre el artista y su esposa, textos en los que él contaba sus experiencias con otras técnicas, como su incursión al taller de litografía

 

Esta muestra también busca dar a conocer lo que fue y lo que representó el movimiento artístico de la Ruptura en México.

 

Los integrantes de la generación de la Ruptura se articularon hacia 1952. Entre otros, figuraban José Bartolí, Héctor Xavier, Alberto Gironella, Valdy, José Luis Cuevas y Enrique Echeverría, quienes tomaron una casa en la calle Londres, Zona Rosa, y abrieron la Galería Prisse, que fracasó y que dio como resultado la fundación de la Galería Proteo en 1954 -espacio que alojó su obra como artista exclusivo-, con el financiamiento de Víctor Trapote.

 

Echeverría presentó muestras individuales cada año en la Galería Proteo hasta que el espacio desapareció. Posteriormente, comenzó a exhibir su obra en la Galería de Arte Mexicano, dirigida por Inés Amor.

 

Una de las versiones que se manejan en torno a la Ruptura es que se trató de un grupo de disidentes del supuesto “Movimiento Nacionalista”, dándose por hecho que la referencia es hacia el Muralismo y la Escuela Mexicana de Pintura; sin embargo, en una primera etapa, la Ruptura surgió como una reacción en contra de los grupos artísticos e individuos -especialmente los pertenecientes a la segunda generación de la Escuela Mexicana-, que eran favorecidos por el Estado y las instituciones culturales. Posteriormente, bajo la influencia y guía fundamental tanto de Octavio Paz, la Ruptura se definió históricamente –y así quedó registrado- como un grupo opositor al Muralismo y a la Escuela Mexicana de Pintura.

 

Enrique Echeverría nació en la Ciudad de México en 1923. En 1943 abandonó sus estudios para dedicarse a la pintura y ese mismo año se integró a los talleres del pintor y refugiado español, Arturo Souto, en donde permanecería hasta 1949.

 

Más adelante tomó cursos aislados en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura, “La Esmeralda”. En 1952, junto con Vlady, Héctor Xavier y Alberto Gironella, fundó la fugaz Galería Prisse, y obtuvo una beca del Instituto de Cultura Hispánica para realizar estudios de pintura en España.

 

Regresó a México en 1954 y, junto con Víctor Trapote, Alberto Gironella, José Luis Cuevas y Pedro Coronel, creó la Galería Proteo, que abrió sus puertas en el segundo piso de la Galería Tusó.

 

Realizó importantes exposiciones individuales en la Galería Proteo y en la Galería Tusó; asimismo, expuso en Washington en la Galería de Arte de la Pan American Union, de la OEA. En 1956 ingresó al Salón de la Plástica Mexicana y propuso la creación de la Unión de Pintores, Escultores y Grabadores de México, de carácter apolítico y el lema Defensa y promoción de las artes plásticas.

 

En 1957 obtuvo la beca de la Fundación John Simon Guggenheim y vivió en Nueva York durante un año. Ahí realizó una serie de obras en las que se reconoce su interés por el expresionismo abstracto, y ciertos trazos cubistas que siguió trabajando en obras posteriores.

 

Regresó a México en 1958 y participó en la Primera Bienal Interamericana de Pintura y Grabado, realizada en el Palacio de Bellas Artes, y en otras importantes exposiciones internacionales. En la década de los 60, Echeverría se caracterizó por un interés en lo abstracto, que conjugó con las clases que dio en Francia; sin embargo, un viaje a España, de donde era originario su padre, lo llevó a la vuelta al paisajismo

 

En 1962 obtuvo el premio del Salón del Paisaje y participó en la Sexta Bienal de Sao Paulo, Brasil y en la exposición Arte en América y España, organizada por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. Posteriormente, en 1963, la Compañía de Luz y Fuerza del Centro le otorgó una beca para asistir al curso de técnicas de educación audiovisual, en Gurcy-le-Châtel, Francia. En México, la Galería Proteo cerró ese año; y en 1965 fue invitado por la Universidad de Notre Dame, en South Bend, Indiana, Estados Unidos, para asistir como artista en residencia por un año.

 

Algunos años después, en 1968, obtuvo el Premio de Adquisición por su óleo Oc, en el recién inaugurado Salón Anual de Pintura, del Salón de la Plástica Mexicana.Para los primeros años de la década de los 70, su vasta e ininterrumpida producción artística le permitió participar en diversas exposiciones colectivas en el ámbito internacional, además de las muestras nacionales, como las que se efectuaron en la Galería de Arte Mexicano.

 

Los últimos años de su vida impartió clases de arte en la UNAM y experimentó con una técnica novedosa a la que llamó acetografía. A los 49 años murió de un paro cardiocirculatorio el 25 de noviembre de 1972

 

Con ojos puramente plásticos y mirada universal estará hasta el 25 de febrero en el Museo de Arte Carrillo Gil (MACG), y marca el inicio de un homenaje a Enrique y Ester Echeverría.

 

El Museo de Arte Carrillo Gil está ubicado en Avenida Revolución 1608 esquina Altavista, colonia San Ángel.

 

 

Autor/Redactor:Redacción Artes e Historia México
Editor Fundador: Manuel Zavala Alonso †

Con ojos puramente plásticos y mirada universal. Enrique Echeverría

 

 

 

 

 

Redes sociales