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Literatura en México

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Travesía de la Escritura Historia de la literatura en México

Cronistas testimoniales

Entre estos llamados cronistas testimoniales hay que mencionar a Juan Suárez de Peralta (1535 a 1540?), hijo de uno de los conquistadores y autor del Tratado del descubrimiento de las Indias y su conquista (1589); a Baltasar de Obregón, autor de la Historia de los descubrimientos antiguos y modernos de la Nueva España (1584); a Andrés de Tapa, capitán del ejército de Cortés, con su objetiva Relación, recogida por García Icazbalceta en el tomo II de la Colección de Documentos para la Historia de México; a Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), que redactó su Historia general y natural de las Indias, no publicada completa hasta 1851-55, y cuyo interés radica en el conocimiento de la naturaleza y de las hazañas de los conquistadores, y El Conquistador Anónimo, llamado así por Clavijero, a falta de mayores datos, autor de una Relación amena y sucinta de las antigüedades mexicanas.

Bernal Díaz del Castillo (1492-1580?), capitán de Cortés, fue miembro de las expediciones de Fernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Participó en triunfos y derrotas de la Conquista y, finalmente, se radica en Guatemala, como regidor de la Villa del Espíritu Santo, a descansar de las fatigas de años de lucha y dificultades. Preocupado por obtener el favor real para sus hijos y nietos, escribe la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, editada por primera vez en 1632. El valor de esta obra ha aumentado con el tiempo. No sólo busca el reconocimiento al esfuerzo que para lograr la conquista desarrollaron todos los soldados de Cortés; tampoco es solamente obra de rectificación a Historias como la de López de Gómara o de Pablo Jovio; es, en primer lugar, "una fuente autorizada e imprescindible para el estudio de la historia de México", por el acopio de datos que ofrece; pero, sobre todo, es el trasunto más real, más emocionado, más revelador de lo que fue la gesta de la Conquista. La relación de Bernal fue hecha a larga distancia, con la perspectiva de conjunto e imparcialidad que da la lejanía de los sucesos, con la espontaneidad que proporciona el desconocimiento de la retórica y la ausencia de vanidad literaria, pero impregnada, en cambio, transida, por las inquietudes culturales de un medio ambiente renacentista, capaz de darle, aun al lenguaje áspero de un soldado, un valor expresivo permanente. Con perspicacia lo observó Ramírez Cabañas y lo ratificó Yáñez: estas crónicas de la Conquista, y en especial la Historia verdadera, contienen todos los elementos para ser consideradas como nuestra auténtica epopeya: unidad, variedad, interés colectivo, personajes extraordinarios, intervención de lo maravilloso, tema grandioso, conjugados en un relato que anima un mundo insospechado en el que chocan dos culturas, dos voluntades y dos destinos.

 

 

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